Muchas veces cuando empezamos a dibujar rostros pensamos mucho en la cuestión de las proporciones perfectas, por ejemplo, que los labios van de la mitad del iris a la mitad el iris del otro ojo. Que las orejas llegan a donde empieza la nariz, etc. Estos datos pueden ser útiles, pero en mi opinión también aburridos. 

Creo que el arte se trata de mostrar nuestra interpretación de las cosas y de hacerlas cómo las percibimos. Nuestro rostro es asimétrico y todos tenemos peculiaridades que nos hacen ser especiales e interesantes, esas peculiaridades pueden perderse al momento de intentar hacer que encajen con las “reglas” de proporción del cuerpo humano y en lugar de que se vea realista nuestra ilustración, puede terminar viéndose sin alma. 

Para tener buenas proporciones al momento de realizar algo usando una referencia, es mejor utilizar técnicas como la de poner el brazo recto frente a nosotros mientras sostenemos un lápiz o algo que pueda servirnos como referencia. 

Tuve una maestra que siempre decía que vemos cuerpos humanos y rostros todos los días, llevamos las proporciones grabadas en nuestro interior, que mejor nos concentramos en capturar los gestos y la emoción, me gustó esta perspectiva, pero al final cada quien tiene su criterio y es libre de seguir los parámetros que más le convengan. 

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